El silencio de la muerte
Hay veces que no se puede encontrar una salida porque hay roturas que no pueden volver a rehacerse. Ni siquiera con oro. A veces el “se pierde” es para siempre, al menos en esta vida y ese “para siempre” genera una sensación de abismo que sólo puede reconocer quién ha perdido. A veces no se sale del pozo porque lo perdido no se puede reemplazar. A veces sólo se puede querer, amar y tapar las heridas a base de besos y tiempo. A veces ese tiempo es toda la vida.
En esta vida hay muchas personas que han perdido una pareja, un marido, una mujer, un hijo, un bebé, un padre, los dos, la persona más cercana o el perrito que le ha acompañado durante los últimos 20 años de su vida tras la muerte de su pareja.
Esas personas cada día tienen que ver a otras que tienen lo que ellas han perdido. Ven a las mamás con las carritos mientras ellas saben que no volverán a tener hijos. Ven los arrumacos y cariños de una pareja que se mira con amor, con sueños e ilusiones volando entre ellos, cuando esa persona perdió ya el amor de su vida. Ellos tienen que enfrentarse cada día a ver reflejado aquello que ansían, que tuvieron y perdieron. Tienen que ver el reflejo de lo que nunca más volverán a tener. Nunca. Porque los milagros a veces existen pero el de la resurrección todavía no está funcionando.
Y estas personas, valientes, calladas, respiran su dolor y sonríen mientras dicen a los demás con la mirada, disfrútalo, no te quejes del bebé, no te quejes de la pareja, no
te quejes de tu hijo, no te quejes.. porque este tiempo es maravilloso y es único. Disfrútalo.
te quejes de tu hijo, no te quejes.. porque este tiempo es maravilloso y es único. Disfrútalo.
Ellos no pueden contárselo a nadie. No pueden hablar de su dolor, del dolor que les produce mirar a la calle y ver justo lo que no tienen, lo que perdieron. No pueden hablar del dolor que les produce tener que, cada día, enfrentarse a algo que no desean ver. No pueden hablar de su dolor sin que les digan que ya pasará, que será por algo, que lo superen, que tienen que vivir. No pueden hablar de su dolor y del deseo de dejar de mirar al exterior por no ser juzgadas y ser vistas como egoístas o malas personas.
Me gustaría que hoy les entendieras. Pueden alegrarse por los demás pero no desean recordar cada día que tuvieron y perdieron. Tampoco quieren que les preguntes cómo estás. Quizá solo necesitan tu comprensión. Que comprendas que hay cosas que al ser recordadas duelen, que ellas sufren, que, con cada nuevo recordatorio, sienten de nuevo cada momento que vivieron, cada error que cometieron, cada paso en falso, a veces cada discusión, cada tiempo ganado y cada tiempo perdido.
Puede que seas tú una de esas personas, puede que sea tu compañero, la persona que tienes al lado, tu amigo. Personas ocultas pero reales.
Por eso hoy te pido que les comprendas y sonrías, aunque sea un poco, a la vida y a cada persona que te encuentres. Que les mires con amor, con cariño, con comprensión, con serenidad, con dulzura. Que hoy des más besos, más abrazos, más cariño, más sonrisas, más comprensión.
Porque si eres tú la persona que está sufriendo, la persona que lleva tanto dolor en silencio, agradecerás si alguna de las personas a las que sonríes te devuelve la sonrisa, agradecerás si alguna de las personas a las que abrazas te devuelve el abrazo, agradecerás el amor.
Y si no eres tú quien sufre sabrás que con tu mirada, tu sonrisa, tu calor, una de esas personas que sufren está recibiendo ese cariño como el agua que necesita un pantano en época de sequía, como agua en esa tierra agrietada.
Es sólo que, por un momento, te pongas en su lugar y muestres todo el amor que seas capaz o que pidas todo el amor que puedas. Y que lo hagas sin explicaciones, sin motivos aparentes, sin justificaciones, sin tener que contar.
Hoy sé esa lluvia que moja la tierra reseca. Hoy trae vida. Hoy cura con abrazos, con sonrisas, con besos. Hoy da tiempo.
Teresa Alcázar



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