La ira, cuando me convierto en mi enfado
Había una vez un joven que fue muy preocupado a ver a su maestro. "Tengo ataques de verdadera ira maestro" le expuso "a veces me llena el enfado y no puedo controlarlo, es algo fuerte que me arrastra y me convierto en otra persona. Una persona llena de furia, de rabia. No sé qué hacer para no ser así maestro. Ayúdame"
El maestro le miró con calma y le dijo "bueno, no sé cómo eres hasta que no te vea. ¿Puedes enfadarte para que pueda ver tu grado de ira?"
El joven alumno le miró sorprendido "no..." titubeó "ahora no me sale, no estoy enfadado" seguro que no me ha entendido pensó "eso sólo me pasa algunas veces pero no puedo hacer que salga así cuando yo quiera"
El maestro con una sonrisa le dijo "entonces ve y cuando tengas ese enfado, vuelve y me lo traes. Así podré verlo" El joven no sabía muy bien qué pensar o qué hacer, ¿tan difícil era de entender?. Así que con un tono de impaciencia le dijo a su maestro "Maestro, que es un enfado. Por mucha ira que tenga si tengo que venir hasta aquí ya se me habrá pasado cuando llegue. ¡Yo no puedo traerla!"
El maestro con su amplia sonrisa le dijo "si no puedes tenerla, si no puedes traerla es que la ira no es tuya, así que ¿por qué te preocupas de ser otra persona? No puedes ser otro con algo que no es tuyo, sólo te estás identificando con tu enfado como si tú fueras enfado, pero no lo eres. Obsérvalo, míralo y no te conviertas en él"
Son muchos los momentos en que nos convertimos en lo que sentimos, muchos. Muchos los momentos en que subimos nuestros hombros, perdemos nuestro centro, nuestra respiración y nos convertimos en la ira y rabia que en ese momento se ha alojado con nosotros.
Rompe un plato, grita, sal y da una vuelta a la manzana. Cuando termines se habrá ido o será más débil y tú no te habrás convertido en tu enfado.


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