A veces, no sabes muy bien si eres tú, la
realidad, el mundo, el ser humano, la vida o la unión de las estrellas pero te
sobrepasas. Tú o todo. Te sobresale por las orejas lo acumulado de hoy, de ayer y de los últimos años de
tu vida y, de repente, te das cuenta de cuánto llevabas encima.
Ahora, que
cuesta respirar, que ya no tienes ganas de hablar con nadie, que solo te
apetece hacerte una burbuja e irte a vivir al monte lejos de todo el mundo.
Ahora, es cuanto te das cuenta de la mochila que llevabas, de cuánto has
aguantado, de los golpes y raspaduras que tienes de caerte y levantarte una y
otra vez.
Es curioso cómo el ser humano necesita de
la interacción social para sentirse querido y cómo necesita aislarse de ella
para quererse y valorarse a sí mismo.
Es en la burbuja donde respiras, donde
desaparece la máscara, donde comienza a importarte un pito lo que piensen los
demás e incluso cómo están. porque con tu burbuja, tu mochila y tus cosas,
acabas de ver que tienes más que suficiente.
Y sí, eres una persona agradecida.
Agradecida con lo que eres, con lo que tienes y con cuanto puedan recordarte.
Pero hay momentos en los que la realidad supera y donde te preguntas si vivir
podría ser más fácil.
Momentos en los que no sabes si deseas
aislarte, bajarte un momento del tren, irte de ermitaño, o qué hacer.
En el fondo sigue sorprendiéndome la
naturaleza humana, sobre todo en estos casos.
Te aislas para poder quitarte la
máscara, las palabras bien dichas, la preocupación por los demás, para no tener
que replantearte ni siquiera tu vida.
Te aislas para salvarte cuando en
realidad es compañía lo que necesitas. Sólo que necesitas un abrazo en
silencio, apoyarte espalda contra espalda para disfrutar de la puesta de sol.
En silencio. Poner una manta en el suelo y poder acurrucarse viendo las nubes.
En silencio.
Porque, en realidad, el silencio es la
burbuja que necesitabas.
Poder estar, dormir, beber, pasear,
observar, disfrutar de cuanto ves sin tener que hablar. Sin tener que escuchar.
Sin palabras, se queda la compañía pura, la que acompaña el alma y tú te puedes
permitir descubrir el alma.
Y brotarán. Al final las palabras
brotarán. Pero lo harán desde otro lugar, con honestidad, con la claridad de
saber que lo que dices en realidad es “abrázame” cuando cuentas lo que te ha
dolido, con la claridad de saber que lo que pides es “ayúdame” cuando descubres
cuánto pesa todo lo sucedido en este tiempo; con la claridad de saber que eres
fuerte aunque necesites apoyo, abrazos, soltar. Y, sobre todo, con la claridad de
saber que sigues siendo buena persona aunque sólo quieras pensar en ti, aunque
sea un ratito.
Cuando la realidad te sobrepase permite
que el silencio te acompañe. Y deja que llegue a ti el sonido de la vida. Con
el silencio de lo que debe ser, de esa realidad humana, descubrirás un sonido
que acaricia el alma. El sonido del viento, el de tus pulmones, el sonido de
las alas de los pájaros, el de las ramas de un árbol meciéndose, el de tu
corazón pidiendo cariño, el sonido de un abrazo, el de la vida al amanecer, el
sonido de fuentes, cascadas, gotas y lluvia.
Cuando la realidad te sobrepase
suelta la mochila, coge aire y sal de la burbuja porque lo que necesitas no es
aislarte, es un momento de silencio en buena compañía para volver a
encontrarte.
Teresa Alcázar
¿Sientes que la realidad te sobrepasa?
Si llevas tiempo con la mochila llena, si ya no sabes si aislarte o pedir ayuda, si necesitas quitarte la máscara y respirar... estás en el momento perfecto para pedir acompañamiento.
En terapia aprenderás a:
✨ Gestionar el agotamiento emocional y el burnout
✨ Soltar cargas que no te corresponden
✨ Poner límites sin culpa
✨ Reconectar contigo desde la autenticidad
✨ Encontrar tu silencio interior, incluso en el caos
No tienes que hacerlo solo. Puedes apoyarte, descansar y volver a encontrarte.
[Reserva tu primera sesión aquí]
O contáctame directamente por WhatsApp (644298701) y cuéntame qué necesitas.
Descubre más sobre mi forma de trabajar en www.teresaalcazar.com
Soltar la mochila es un acto de valentía, no de debilidad
Así es Teresa. Cuando estamos perdidos dentro de nosotros mismos...
ResponderEliminarHoy lo entendí. Llega dentro tu escrito, me permite sentir dónde últimamente necesito escucharme. Aprendiendo a compartir con personas no para no estar sola, sinó para estar conmigo acompañada. Aprendiendo a vivir más desde mi sentir en el pecho, lo que me alegra, no lo que me compensa, lo sencillo que llena, no por evitar lo que me ocurre o lo que siento, sinó por afrontarlo con cariño hacia mí, aprender a acompañarme sin estirarme, pero sin ceder a esa parte que me boicotea. Gracias por acompañarme a este lugar y por contarme lo que me va pasando para entenderlo. Un abrazo Teresa
ResponderEliminar