Cuando Nunca es para siempre
Sí, soy consciente de que el término para
siempre pesa demasiado en la naturaleza humana. Pero a veces se pierde para
siempre. Y no, no es la muerte a lo que me refiero, quizá porque la veo parte
de la vida, si no a esas personas que no han desaparecido de tu vida pero que,
un día, dejaron de existir.
Creo que sabes a lo que me refiero. Un
día tenías a esa persona a tu lado, en una pequeña parcela creada para ambos y,
al otro día, no sabes ni cómo ni porqué, dejó de existir.
Y buscas y te revuelves y te quejas y
lloras y preguntas e, incluso a veces, te vuelves el animal herido que sigue
acercándose una y otra vez buscándola, buscando su cariño, su atención, a ella.
Pero esa persona que conociste ya no
reacciona. Ya no se da cuenta del daño que pueden causarte sus palabras, a
veces su crueldad, otras su forma de ignorarte. Ya no se da cuenta de que quizá
se equivoca al rechazarte porque tú le habías regalado una parte de tu alma. Y,
en todo esto, tú no entiendes nada.
Así pasa un día, unas horas, unos meses o
unos años pero entonces, sin saber bien cómo, como si de una iluminación se
tratara, descubres que, simplemente, esa persona ya no existe. Quién está
frente a ti ya no es ella.
Y en ese momento por supuesto que puedes
llegar a dudar de si alguna vez existió, claro que sí, pero, aún con todas las
dudas que se plantean, estoy segura de que sí existió. Hace un tiempo esa
persona sí era “tu” persona. Casi con total seguridad podría decirte que sí,
que lo que tuvisteis fue mágico, fue especial y que esa conexión era real, que
existió.
Cuando de verdad descubres que ya no es
la persona y que sí fue real lo que existió, te permites VER, ver en realidad
quién está a tu lado.
Y entonces lo ves.
Ves que tu mejor amiga dejó paso a una persona
contaminada, donde su baja autoestima le hizo carne de cañón para que los
depredadores comiesen su personalidad.
Ves a tu mejor amigo, el que nunca te iba
a dañar, el que decía que nunca te iba a fallar, se convierte en el mayor
mezquino, mentiroso y ruin que podías imaginar.
Ves cómo esa persona que te acompañaba en
el trabajo llena de agradecimiento se convertía en alguien sin valores, sin
luz, con sed de dañarte y de venganza simplemente porque, en un momento dado, brillaste
más que ella.
Ves a esa persona que ha llenado tu
corazón y la ves convertirse en alguien cruel, donde parece que su mayor afán
es rasgarte la piel y sangrarte el corazón.
Entonces sabes que ya no es ella, que esa
persona dejó de existir y tú tuviste la suerte de conocerla. Ahora hay una
persona físicamente muy parecida a ella pero nunca será ella. Nunca. Y aceptas
ese Nunca es para siempre y descubres que se despierta paz en tu corazón, que
puedes respirar de nuevo, que se levanta un peso que ni siquiera eras
consciente de que tenías y, sobre todo, dejas de correr. Dejas de correr
intentando alcanzar un fantasma.
Nunca es para siempre, pero siempre
sabrás que lo mejor de esa persona, durase lo que durase, lo tuviste tú.
Escrito por Teresa Alcázar



Gracias Teresa, así es.
ResponderEliminarGracias a ti, por leerme, por escribirme y por quedarte un ratito en mi mundo de escritos. Un abrazo
EliminarAsí es la vida y ademas te das cuenta,que es una historia que repite continuamente en la vida de todas las personas.
ResponderEliminarAyer mismo, esta misma cuestión, era el centro neurálgico de la vida de una amiga...
Sí, siempre ocurre y seguirá ocurriendo pero aún así, lo mejor de esos momentos, lo mejor de esas personas, lo habremos vivido nosotros. Un abrazo
EliminarTeresa, me encanta escucharte, pero no se si me gusta más leerte, no solo por lo bien que escribes, sino por esa manera tan tuya que tienes de decir las cosas claras, pero de una forma que no hiere, que solo se entiende como algo claro y obvio, en lo que antes no habías caído o no habías sabido ver, y lo enmarcas con esa dulzura tuya que desmonta al mas pintado. Gracias infinitas por compartir esos trocitos de ti y acercárnoslos llenando nuestro corazón desde ese aprendizaje dulce. Bendita seas.
ResponderEliminarGracias por tus palabras, por tu tiempo, por escribirme y por permitirme entrar un momentito a tu corazón. Un abrazo muy, muy fuerte
EliminarComo siempre...me encanta leer todas tus entradas, reconfortantes, didácticas, y llenas de luz. Gracias
ResponderEliminarGracias a ti mi niña bonita, por escribirme, por leerme, por estar. Un abrazo enorme
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