Soledad en compañía
Creo que, muchas veces, lo que duele no
es la soledad, es sentirse solo cuando estás rodeado de gente.
Cada día lo veo, da igual donde vaya, en
mis sesiones, en el AVE, en la calle, en cada paseo… Da igual el lugar en el
que esté porque, al final (y muchas veces al principio) siempre veo a alguien
con ojos tristes que piden ayuda, que piden que alguien les escuche de verdad,
que alguien acompañe a su alma. Aunque solo sea un momento.
Y veo…
…. amigos de grandes conversaciones vacías.
Preguntas de “cómo estás” seguidas casi sin pausa de un “pues yo no te lo vas a
creer, estoy fatal porque…” y entonces vuelvo a ver a esa mirada en el oyente.
Probablemente ni iba a abrir la boca porque ya sabía lo que iba a suceder. Pero
dicen que la esperanza es lo último que se pierde.
….Móviles que sirven de escudos
silenciosos frente a parejas que ya no saben qué decirse porque ya no recuerdan
qué era aquello que les hacía tener mariposas en el corazón y buscar estrellas
que conquistar en el cielo.
…Padres que buscan una mirada cómplice de
sus parejas. Esas mismas parejas con las que decidieron tener hijos y que
desaparecieron cuando llegaron. Parejas llenas de las cosas que hay que hacer y
no de los sueños en común que un día compartieron.
….Adolescentes bombardeados de mensajes
sobre expresar sus emociones que no pueden hacerlo porque el mundo se ha
convertido en un “aparente y feliz” Instagram. Y si no eres feliz es que no
sabes vivir. Y si además tienes éxito social dicen que no hay razones para
quejarse.
….Soñadores que ya ni siquiera son locos,
porque ya nadie los ve. Observaron cómo el mundo dejó de crear para crear vagas
copias de sí mismo adornados con modas pasadas que vuelven una y otra vez.
….Creadores que dejaron de ser la
esperanza para cambiar el mundo, que ahora ven dilapidada a través de gente insegura y
mentirosa su reputación, su nombre y su ilusión de cambiar y mejorar el mundo
en el que viven los mismos imbéciles que les critican.
Yo veo…. Y en el fondo creo que tú
también lo ves. Creo que también ves a un montón de gente de infinitas edades, con
almas de arcoíris que están deseando que un trocito de esta humanidad (si es
que queda algo de ello entre los humanos) se dedique a compartir su compañía de
verdad. Sin intercambios, sin esperar, sólo por el placer de hacerlo.
Quizá podrías empezar por ti. Por
levantar la cabeza del móvil o del ordenador y mirar a quien tienes a tu lado.
Mírale bien. Sus arrugas cargadas de noches pensando cómo salir de los
problemas, su palidez por trabajar tanto, sus lindos michelines por no
encontrar el momento de ir al gimnasio… y fíjate también en que aún sonríe, en
ese brillo que a veces se entrevé en su mirada, en su emoción cuando transmite,
en su esperanza cuando sueña.
Levanta la mirada y, por una vez, escucha desde
el alma, quizá la tuya también está deseando tener una linda compañía.



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