Como los hámster en la rueda


Es algo que veo continuamente. Sea como sea siempre tenemos esperanzas, expectativas o sueños. Creemos que tal persona va a reaccionar de esa manera que deseamos. Queremos que nos quieran, que esos amigos sean amigos de verdad, que te llamen, que te acepten como eres. 

Queremos que se cumplan las promesas, aunque sepamos que “el para siempre” es relativo o aún cuando tenemos claro que ir a medias en los negocios no son buena idea o que algunos humanos son como los globos: se desinflan con facilidad.

Queremos que importe el corazón antes que el dinero, que la posición o que el poder. Sin embargo el poder es lo que la mayoría de los corazones anhelan, aunque luego se quieran engañar pensando que, como el amor real no existe, el poder es algo con lo que se tienen que “conformar”.

Tenemos deseos de tener amigos, de esos que te eligen por encima de todo y a los que puedes contar cualquier cosa sin que te juzguen. Incluso los días en los que eres más aburrido.

Tenemos deseos de tener pareja a la que contar absolutamente todo y en la que confiar plenamente. Sin embargo se les enseña a las personas a manipular para conseguir lo que quieren, ya sea tener hijos, casarse o, sencillamente, follar.

Tenemos deseos de formar parte de la vida y del corazón de las personas que nos rodean.
Sin embargo la dicotomía humana siempre juega sus malas pasadas.

Cuando tienes oportunidad de quedar es cuando no te apetece y anhelas la tarde o noche de sofá.

Cuando te empieza a llamar la gente es cuando más a gusto estabas charlando con tu pareja de las cosas más existenciales de la vida.

Cuando te salen oportunidades es cuando quieres tomarte un tiempo de descanso.

Cuando encuentras pareja es cuando más disfrutabas estar solo…

Y así te das cuenta que vives como un hámster girando en su rueda continuamente. Un rato de soledad, un rato de agobio, un rato de compañía, un anhelo, un sueño roto, un cosido, una sonrisa, un amor, un… y empieza de nuevo. Un rato de soledad, un rato…

Es extraño ver cuán difícil es quedarse en centro de la rueda. Recordar que, siempre, los momentos más felices, los más intensos, se han vivido en soledad, mientras contemplábamos un gorrión saltando feliz, una puesta de sol, a tu hijo, a tu pareja, a la encina o jugábamos a ver formas en las nubes.

El centro de la rueda está en el silencio de tu corazón, en tus momentos de soledad, esos en los que no estás solo porque sientes tu corazón pleno y lleno de toda la compañía del universo y de la vida. O en esos momentos donde puedes compartir en armonía ese maravilloso silencio.

Quizá sigamos siendo hámster pero mientras estemos en el centro, al menos, seremos un hámster feliz.

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