Tiempo de espera




No sé porqué es tan difícil ser feliz hoy en día. Todos nos sabemos lo de no tener expectativas y, creo, que intentamos vivir bajo esa premisa pero ¿realmente lo conseguimos?

Creo que en lo más profundo de nuestro ser siempre esperamos algo. Esperamos tiempo, esperamos descansar, esperamos dinero, esperamos vacaciones, esperamos pareja, esperamos hijos, esperamos vivir cuando esos hijos se vayan de casa… parece que somos artistas de hacer de la vida un tiempo de espera.

Nos llenamos de frases de Facebook, de panfletos del centro de terapias de la esquina, de mensajes de whatsapp, de imágenes que nos recuerdan la importancia de vivir en el momento. Y todos, absolutamente todos, decimos en algún momento de nuestra vida “sí, eso es lo que hago. Sólo vivo el presente, no hay nada más”

Lo más gracioso es que nos lo creemos.

Y entonces todo cambia.
Y entonces llega tu jefe con el pantalón de cuadros y te echa una bronca monumental por no tener algo que dependía de un dato que él no te había pasado (pero eso no importa: él es el jefe)
Y entonces llega tu chica o tu chico y te dice que no sabe cómo ha pasado pero que se ha enrollado con el compi de trabajo, ya sabes, ese que parece súper intelectual y que va siempre a la moda, o esa compi que debe de tener los pies de acero porque anda siempre con los tacones como si no hubiese mañana.
Y entonces llega tu hij@ y te llena de rotulador el traje nuevo, ese que necesitabas para la entrevista de tu vida. Además es con el fosforito, el que no hay quien lo quite ni con 100 lavados.

¿Sabes que le pasa al momento al momento presente justo en ese instante? Que se va a la mierda. Básicamente porque es el mismo lugar donde te sientes tú.

Llegados a cierto punto sólo quieres que pase el puñetero momento presente. Quieres que vuelva el tiempo atrás, que exista el ctrl+z en la vida, o que pase todo de una vez. Que se acabe el día, puedas dormir y esconderte detrás de la sábana acorazada que todo lo protege y esperar que el nuevo amanecer traiga realmente vientos y oportunidades nuevas. Se acabó vivir el presente. Se acabó el momento.

Y así vuelves a despertarte otro día diciéndote que sólo necesitas esperar un poco más. Esperar a tener otro trabajo, otro hijo, otra pareja, otra vida, otro negocio, otro… Total, sólo es un tiempo de espera.

Eso sí, procurando vivir el momento presente mientras llega.

Y volvemos al tiempo de espera

A veces creo que nos complicamos mucho la vida. Queremos ser tan perfectos que, hasta las cosas sencillas que nos invitan a vivir el presente, las cargamos con la exigencia de lo que tiene y lo que tenemos que ser. Creo que somos perfectos con nuestra imperfección. Creo que está genial tener un día para mandarlo todo a la mierda y tener otro para construir desde las cenizas.

Creo que está genial vivir aceptando cómo tenemos el día, porque eso exactamente es lo que nos permite escucharnos y entendernos.

Y no, no es perfecto. Y seguramente habrá mil momentos que se escapen y no se vivan, y muchas proyecciones al futuro, y planes y… ¿pero sabes qué? Son tuyos. Están creados por ti, mimados por ti, soñados por ti.

Y sí. Sería estupendo vivir el presente y no en un tiempo de espera, pero si no sabes cómo vivir feliz sin poder salir de la situación en la que te hallas, no te agobies. Relájate. Vive en tus proyecciones, en tus sueños, en tus ideas, porque éstas son el comienzo de cualquier creación. Son el inicio del cambio, de tu cambio. Creadas en un tiempo de espera, sin vivir plenamente el presente, y son geniales. Porque son el principio del cambio de tu vida.

Son el principio de ti.



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