Desilusiones, cuando dejamos de creer.


Desconozco el porqué pero creo que la vida del ser humano está llena de momentos decepcionantes. Tanto es así que la desilusión forma parte de la vida de cualquiera y traemos al presente cualquier decepción pasada. Es como la crónica de una muerte anunciada: sabemos que está ahí. Así que al final delimitamos nuestra vida en base a esa desilusión conocida y que, aunque sea futura, somos capaces de predecir. Así que, sin dar la oportunidad a la vida de cambiar de estrategia o, lo que es aún peor, sin darnos la oportunidad a nosotros mismos de cambiar, comenzamos a vivir limitados por una desilusión futura e inexistente pero que nuestro cerebro nos afirma y convence que es real. Si la historia siempre se repitiera y no arriesgáramos ¿se habría inventado la rueda?

Sin embargo comprendo perfectamente lo que duele. Lo que duele perder esa oportunidad, lo que ha dolido la reacción, lo que duele que ni siquiera tenga el detalle o lo que duele esa contestación recibida. Sé lo que duele porque en ese momento esperábamos otra cosa, porque nos acercábamos como los niños, con ilusión e inocencia y nos hemos llevado un exceso de autocrítica, realismo o de crueldad, dependiendo del caso y de quién venga. Y justo en ese momento sentimos el pinchazo de la desilusión en nuestro corazón y creemos que se rompe algo. Y sí es cierto, se rompe nuestra capacidad de creer.

Dejamos de creer y con ello, casi sin darnos cuenta, una parte de nosotros deja de vivir. Y de esa manera actuamos de manera, cuanto menos, curiosa porque seguiremos deseando internamente lo anhelado pero haremos todo lo posible para negárnoslo, para decir que no, que estamos bien sin ello y así aprenderemos a vivir conformándonos.

Me da igual en qué nos conformemos. Con la pareja que tenemos, con conseguir o no pareja, con inscribirnos  a una oferta de empleo, con el trabajo que tenemos o con el que no tenemos. Y así empezamos a contarnos mentiras. Si estoy bien,  si todas las relaciones son iguales, total todos los hombres son iguales, total todas las mujeres son iguales. Si estoy bien sin trabajar, si estoy bien en el trabajo aunque olvidé lo que era levantarme con una sonrisa. Si me da igual lo que conteste, no me afecta. Si me da igual haber metido la pata y haber perdido la oportunidad, seguro que la oportunidad la han perdido ellos. Y así podríamos continuar y continuar… al final nos mentimos para no creer que podemos cambiar, que podemos cambiar nuestra vida porque damos por hecho que siempre te decepcionas.

No sé cómo nuestra mente tiene tanto poder que es capaz de engañarnos haciéndonos creer que no vivir, no acercarnos, no arriesgar, no creer en seguir creciendo y encontrar lo que ansiamos NO es desilusionante. Desde luego no deja de asombrarme la capacidad creativa y engañosa de nuestro cerebro. Me pregunto qué ocurriría si invirtiésemos toda esa capacidad en dar el siguiente paso, aunque fuese con esa losa de miedo a desilusionarnos. Me preguntó qué cambiaría en nuestra vida si nos acercáramos, apostáramos, creyéramos y viviéramos con esa pasión y credibilidad que impone la mente pero esta vez dedicada a nosotros mismos y a ese lado positivo que no nos permitimos ver.

Quizá sólo sea cuestión de aprender a hacerlo, de convertirnos en guías de nuestra mente y aprender a transformar todo ese miedo, toda esa desilusión en creación, en amor, y en esperanza de que, al final, todo será como tiene que ser pero que tenemos que movernos y cambiar y concedernos al menos la oportunidad de conseguirlo. Quizá sólo es eso: aprender a ilusionarse de nuevo y permitir que la vida vuelva a sorprendernos. No te conformes, no abandones tus sueños.

Comentarios

  1. Gracias, llega en el momento preciso.... y... a seguir aprendiendo a transformar el miedo en amor!!!

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    1. Eres una de las personas más amorosas que conozco así que... lo tendrás fácil preciosa

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  2. Gracias por ser otra luz en la oscuridad Teresa.
    Además de saber lo que dices, lo sabes escribir muy bien.
    Un besazo.
    Pili

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  3. Cuanto me ayuda leer tu escrito. Es un apoyo grande saber que lo que vivo lo conoces y le pones palabras. Y que este cambio que empiezo a dar es algo que me aconsejas, y me explicas porqué. No sé cómo lo aprendiste, desde luego tiene mucho mérito, y agradezco mucho que nos guíes al resto. Gracias por querer a la ñs personas. Por esta sonrisa bajo un farolillo que nos reconforta en el camino. Te aprecio mucho Teresa. Gracias hermosa. Anna

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