Tomar las riendas de nuestra vida



A veces siento que tememos ser libres. Vemos la libertad como una utopía, como un anhelo eterno, un sueño imposible. Tan extraño se nos hace que, cuando llega, nos asustamos tanto, nos parece tan imposible, que dejamos que siga siendo un sueño.

Quizá es que nos enseñaron significados más o menos absurdos sobre la libertad. Quizá nos dijeron que se basaba en algo así como hacer lo que te diese la gana pero que para eso era necesario tener dinero para poder quedarnos tirados en una hamaca con una piña colada y decir eso de ¿trabajo? qué es trabajo? Quizá solo es un problema de concepto, aunque creo que es más profundo y que llega a ser un problema de educación de generaciones. Es más fácil sublevar a una masa si ella misma se limita. 

Y así vivimos cada día creyendo que lo que tenemos es lo que hay, conformándonos con la imposibilidad eterna de cambiarlo y creyendo que, encima, tenemos que dar las gracias. Gracias por lo que tenemos aunque sea una pareja fantasma o un trabajo infructuoso.

Pero la libertad existe y nos rodea en cada momento de nuestra vida, en cada decisión que podemos tomar, en cada elección. Sin embargo, nos han enseñado tanto a temer equivocarnos que, al final, somos nosotros quienes tememos su existencia y nos damos millones de excusas (más o menos convincentes) para no abordar la realidad de poder elegir y tomar lo que realmente queremos.

Nos comportamos como si tuviésemos más libertad de la que realmente queremos.

Sería cuanto menos interesante preguntarse cuántas veces nos atamos a las cosas por juicios y miedos. 
Preguntarnos con honestidad y sin juicios si no dejamos esa relación por comodidad, hábito o costumbre. Preguntarnos si en el fondo tememos ser los malos si lo dejamos, si tememos ser el personaje malvado del cuento. Preguntarnos porqué nos conformamos en realidad y aceptar que así ni vivimos ni vive nuestra pareja aunque dejemos el tiempo pasar a ver si, con un poco de suerte, algo cambia.

Preguntarnos si estamos con alguien porque teníamos una expectativa anterior que no ha sido cumplida. Preguntarnos si continuamos por ver qué pasa pero sin ilusión o por no "hacer daño" al otro. Ver si, al igual que antes, también dejamos pasar el el tiempo a ver si, con un poco de suerte, es la otra mitad quien se cansa y abandona.  Al fin y al cabo en esta sociedad nos enseñaron que el que no llora no mama y que es mejor ser el abandonado. Siempre podemos reclamar aceptación y cariño por pena. 

Preguntarnos si no dejamos de vivir en casa de nuestros padres por miedo a ser lo que muchas veces dicen que somos y no lo que creemos. Si no nos vamos por miedo a no saber, no poder y no tener el sitio conocido donde volver. Como cuando éramos pequeños y podíamos decir siempre "casa" cuando nos iban a pillar jugando.

Estamos en un trabajo cada día que no nos llena, que no era lo que soñábamos de niños, que nos mata por dentro más de ocho horas al día o en . Y lo peor es que creemos que no podemos salir, que no podemos cambiarlo. Porque las cosas están mal, porque soy mayor para reinventarme, porque paga las facturas, porque seguro que hay otros que darían lo que fuera por estar en tu lugar, porque...

Y así podríamos continuar con más aspectos de nuestra vida, con otros trabajos, con hobbies que se transforman en obligaciones, con personas o personajes que forman parte de nuestra vida.... 

Y así cada día nos quejamos de nuestra relación, del aburrimiento, de la falta de sexo (o del mucho pero malo), de las no conversaciones, de las conversaciones vacías. Nos quejamos del trabajo que sólo paga facturas y quema el alma. Nos quejamos de los padres o de los hijos o de ambos. Nos quejamos, en definitiva, de nuestra vida.  

Nos quejamos sin tomar el derecho de nuestra libertad de elección, del poder elegir no estar con alguien aún cuando el mundo nos mire como malos, aún cuando creamos que hacemos daño, aún cuando pensamos que es lo peor para los niños o para la pareja o para nuestra comodidad. ¿Cómo puede ser perjudicial elegir ser libres y amarnos lo suficiente como para no querer conformarnos? ¿realmente es mejor para la pareja estar en una relación decadente conviviendo en una muerte anunciada? ¿realmente es lo mejor educar a los hijos mostrándoles que la pareja no son besos y amor y que el resto son cuentos? Quizá en otro trabajo hay que esforzarse más, quizá estamos cansados, quizá tocaría cobrar menos, quizá son más horas, quizá. Pero también, quizá, podrías terminar el día con una sonrisa, con el agotamiento del que se ha esforzado en el día pero no ha perdido energía, con el deseo de llegar a casa y compartirlo, con la alegría de levantarse otro día y volver a hacerlo. Con felicidad. 

Creemos que estamos atados a trabajos y a personas sin darnos cuenta que lo único que tenemos es miedo a errar, porque nos enseñaron que eso era algo malo, sin dejarnos la oportunidad de comprender que elegir y equivocarse es una valiosa forma de aprender.  

Quizá el mayor riesgo es el que vivimos y no el hecho de elegir nuestra libertad y equivocarnos. Quizá estamos perdiendo algo mucho más importante: las riendas de nuestra vida. Poder decidir, poder actuar, poder cambiar. Porque moviéndonos, aún equivocados, tendríamos a nuestro lado algo mucho más poderoso que el mismo riesgo: a nosotros mismos. Nuestra fidelidad, nuestra entrega, nuestro respeto.

Siempre nos hemos sentido que nos merecíamos una oportunidad, un descanso. Quizá no dependa de nada ni de nadie, sino de respirar hondo tomar las riendas y cabalgar. De perdonarnos incluso antes de empezar. Al fin y al cabo es nuestra vida y nadie se podrá poner nunca nuestros zapatos para andarla.

Comentarios

  1. Hola Teresa, quería decirte que este texto me ha gustado mucho. Me gusta este enfoque desde la experiencia. Muchas veces he reflexionado sobre cómo el miedo a equivocarse mata la iniciativa personal, pero no pensé en la idea del "miedo a ser el malo" si dejas una relación... Gracias por recordarme en este momento lo fácil que puede ser sentirse libre. Un abrazo! Deneb (amics del yoga en la natura)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Deneb.
      Cuánto me alegra haber aportado esa pequeña pincelada que te recuerda permitirte ser libre.
      Muchas gracias por tus palabras y por tu abrazo.
      Permíteme enviarte también un abrazo lleno de energía e iniciativas.
      Teresa

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares