Cuando escucharte puede salvarte
Le conozco de toda la vida aunque, si bien es cierto, no siempre hemos tenido contacto. Sin embargo no podemos negar cuán importantes somos el uno para el otro y que basamos nuestra relación en ese amor, sobre todo para respetarnos. Más en nuestras diferencias, sobre todo en ellas. Él es racional, incrédulo y fiel seguidor de la medicina clínica. Yo soy terapeuta de técnica metamórfica, soñadora y amante de la fitoterapia.
Se que nunca creyó en la técnica, imagino que por eso siempre negaba cortésmente la invitación a mis sesiones de metamórfica. Pero siempre es una palabra que dura demasiado e imagino que la vida nos quería mostrar lo equivocados que podemos estar cuándo la usamos.
Se había realizado unas pruebas médicas que ofrecían un resultado incierto que sólo se identificaría con unas pruebas más exhaustivas y una visita a un especialista. Volví a ofrecerle venir a las sesiones y, esta vez, aceptó.
Creo que algo en su interior le empujó a venir. Creo que su ser superior se convirtió en su guía y le llevaba cada semana. Sin creer, sin esperar, sólo venía.
Las pruebas y la visita médica dieron con unos pólipos cancerígenos cuyo alcance no se sabría hasta la intervención. El cáncer siempre es devastador pero creo que para él tenía un significado mayor. La mujer de su vida había muerto de un largo y duro proceso de cáncer. Hablábamos de la suerte de haber conocido a su alma gemela en esta vida pero sabía que un trozo de él se había ido con ella. Con ella y con el cáncer. Ahora era él quién lo tenía.
Le operaron en muy poco tiempo pero siguió viniendo hasta el último momento a las sesiones. Cada vez estoy más segura que sólo su ser pudo hacer que se escuchase a sí mismo y hacer algo que nunca se habría planteado antes.
La operación fue un éxito así cómo su posterior tratamiento químico. Creo que no sólo extirparon el cáncer de su cuerpo, si no también de su alma, y no puedo dejar de preguntarme cómo se preparó inconscientemente para todo eso en cada sesión de metamórfica. Estoy segura que su ser necesitaba un poco de reconexión, de sanación, para enfrentarse a todo ello y poder continuar sano su proceso de vida.
Cuando todo terminó fue alejando las sesiones y poco a poco surgían más imprevistos para poder venir. Realmente no me importó ni dejé de sonreír. Sabía cuál había sido su razón para venir. Sabía que se estaba preparando. Sabía que había escuchado a su ser y que había seguido los dictados de su corazón sin cuestionarlos. Estoy segura que esto le ayudó a vivir cada momento sin perder la alegría de vivir y sin dejarse arrastrar por el miedo.
Cada uno de nosotros tenemos dentro un regalo: nosotros mismos. Si tu ser, tu intuición, tu corazón o como quieras llamarlo te pide hacer algo completamente diferente, hazlo. Él eligió la metamórfica pero es tu ser quién puede convertirse en tu mejor guía. Escúchate, puede que ahí esté la clave de la sanación.
Artículo publicado en la revista Uakix



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