Hijos: dónde empieza y acaba nuestra responsabilidad (publicado en Revista Holística Ser Azul)
Siempre he escuchado con cierta facilidad que los hijos, realmente, no son nuestros, que pertenecen a la vida. Sin embargo, una vez los tenemos, la realidad que nos envuelve es completamente distinta.
Pasamos un tiempo compartiendo nuestra vida con nuestra pareja pero cuando tenemos un hijo, esta vida deja de basarse en compartir para convertirse en una entrega. Es normal, ha nacido de nosotros, tiene nuestra esencia.
Y bajo esa razón o bajo ese sentimiento, nos pasaremos tanto tiempo como él necesite dedicándole nuestra vida. Y un día indefectiblemente, pararemos y nuestro hijo querrá su vida y entonces, justo entonces ¿reconoceremos a la persona que tenemos al lado?, ¿con quien al principio compartíamos?, ¿nuestra pareja?.
O la pregunta más compleja ¿nos reconoceremos a nosotros mismos?
Qué difícil es dar, cuidar, educar y proteger sin perderse a uno mismo. Sí, es tremendamente difícil. Sin embargo el secreto del equilibrio es conseguir mantener nuestro espacio y nuestra identidad como seres independientes respentando el espacio e independencia de nuestro hijo. Porque tambien la tiene.
Y, sumado a esto, no olvidar que fuimos hijos, cómo aprendimos y nuestra necesidad de autonomía.
La labor de los padres, el aprendizaje que tenemos por delante es uno de los más complejos: Llegar a ser observadores de ese ser que amamos tanto.
Verle caer sin intervenir, salvo para dar apoyo y amor cuando se recogen los trozos rotos.
Porque el amor, el verdadero, está basado en libertad sin condicionantes y la libertad es su esencia.
Como padres tenemos una gran responsabilidad: inculcar la base donde sustentará su crecimiento en todos los niveles, tanto educativos, afectivos como sociales. Pero nuestra responsabilidad termina en el momento en el que nuestro hijo comienza a tomar su vida. Si no lo hacemos así estamos confundiendo ayudar con un hacer nosotros.
Llegamos a tomar sus responsabilidades como nuestras y quitándole el derecho a crecer y equivocarse. Aunque duela.
Conozco padres que hacen todo por sus hijos, absolutamente todo, tanto que si su hijo tiene un examen, ellos lo tienen. Pero realmente ¿que enseñanza les estamos dando? Les enseñamos que siempre vamos a estar ahí para salvarles y trabajar por ellos y eso, principalmente, es mentira.
Creemos que les protegemos al hacernos cargo de su responsabilidad y trabajo sin darnos cuenta que en un futuro tendrá que vivir y aprender lo que le hemos negado. Da igual el tiempo que pase, al final, siempre tendrá que aprender por sí mismo. Y por sí lo has olvidado, exactamente, como lo hiciste tú.
Creo que es importante no juzgarse ni culparse cuando nuestro hijo se de un coscorrón, porque por mucho que nos duela puede que sea la única forma que tiene su ser de aprender. Y así deberemos aceptarlo porque en su base tenemos que inculcar respeto y amor y sólo podemos hacerlo si empezamos a tenerlo por nosotros mismos. Respetemos nuestra y su vida y amemos sin presión porque las cajas de cristal, por mucho que creamos, al final no protegen.



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