Historias que merecen ser contadas
Vivimos en un mundo, en una sociedad, donde palabras como comunicación, medio, ruido, canal, receptor, forman parte ya no de nuestro vocabulario, si no de nuestra vida. Vivimos inmersos y rodeados de noticias, opiniones, encuestas, entrevistas, y sin embargo a veces creo que este exceso de información sólo nos hace más manipulables, más ignorantes, guiados en lo creemos nuestro conocimiento. Por supuesto no discuto que podamos investigar y profundizar en ciertas cosas, en ciertos aspectos que realmente nos llamen la atención, pero no dejamos de perder información en el resto de ideas, noticias y variantes que escuchamos o leemos. Hechos de donde sólo tomamos una parte: la que nos cuentan. Y es justo entonces, justo en ese momento, cuando, al menos yo, me siento ignorante.
Existen miles de historias que merecen ser contadas y que sin embargo sólo unos pocos llegan a conocer mientras que la inmensa mayoría cree conocerla. Y sí, digo cree conocerla. Hace poco tuve la gran suerte de escuchar a una de las amigas que acompañó a Emilie Schindler hasta el momento de su muerte. Sí la esposa de Oskar Schindler, mundialmente conocido por la película La lista de Schindler. Y digo que tuve la suerte porque justo en ese momento me sentí culpable e ignorante por haber aceptado una película (no discutamos lo bien que está realizada o no) como historia real sin haber investigado o profundizado más en la realidad. Quizá porque la historia muestra la verdadera humanidad de un hombre en un momento en que el mundo se ha vuelto más cruel. Quizá fuera, o no, por ese motivo, pero lo acepté, lo aprobé y no indagué por qué Emilie Schindler era una sombra en la historia de su marido. Ni siquiera investigué si existía, si vivía.
Es cierto que tal y como nos narra la película, Oskar Schindler salvó a más de mil personas de ser asesinadas. Sí, es cierto, pero no lo hizo solo. Lo que no se contó en la película, lo que no me preocupé de profundizar, fue en su vida, en su mujer. Emilie Schindler salvó también a cada una de esas personas ayudando a quién pudiera.
En los campos de concentración, o al menos en el que tenían tan cercano, el régimen de comida a los judíos estaba entre las 300 y 400 calorías. Un número que mataría a cualquiera. Emilie se esforzó en buscar constantemente comida y así mantenerlos con vida. Se ocupó de buscar y procurar gafas para quien las necesitara, de esta manera podían seguir siendo útiles y no ser asesinados por los nazis. E incluso dejó de ser fiel a sus creencias, a su religión, ayudando a abortar a las mujeres que quedaban embarazadas ya que eso significaba la muerte segura. Emilie, apartando sus propios juicios u opiniones, se llevaba a las mujeres a escondidas de noche, al hospital, para que al día siguiente pudiesen estar de nuevo realizando sus trabajos con aparente normalidad.
Son sólo ejemplos de su trabajo humanitario, de su gran ayuda. Ejemplos que no recoge la película porque, como comentó una vez uno de los productores, incluirla costaba mucho dinero. Es normal, cuando se estrenó el filme Oskar ya estaba muerto y los muertos no reclaman. Emilie sin embargo estaba viva y vivió en pobreza en una casa que la asociación judía le había cedido en usufructo junto a una mínima paga.
Emilie sintió la pena de ver una historia, su historia, sin que la preguntaran, ninguneando su existencia. Aunque creo que lo mejor (en tono irónico por supuesto) tuvo que ser el momento en que recibió la invitación para el estreno de la película por parte de su director. Se la enviaban como si ella fuera un superviviente judío, como a uno de los que ella había salvado. Emilie, católica y creyente, leyó la invitación para Emilie Schindler y para su marido. Es justo en ese momento donde creo que Oskar querría haberse levantado de la tumba. Y así, Emilie murió pobre y olvidada por muchos.
Con todo esto no quiero ni pretendo entrar en verdades o mentiras, sólo quiero hacer un recordatorio, una alabanza, a todas esas historias que merecen ser contadas y que por dejadez u olvido no ven la luz. O quizá porque no aparecieron en una película taquillera.
Por esto, quisiera dar mi momento, mi tiempo, mi cariño a todas las personas que tienen una historia, sea cual sea. Y en el hilo del holocausto, quisiera hacer un especial recordatorio y homenaje a todas las personas que ayudaron, por todo lo que realizaron, por toda su labor.
Como Irena Sendler, asistente social polaca, que salvó a 2500 niños judíos. O Julio Palencia, embajador español en Bulgaria, que salvó la vida a más de 600. O Giovanni Palatucci, juez italiano, que salvó a 5000 judíos de la deportación. O Lola Touza, la quiosquera española que ayudó a escapar a los judíos desde Francia. O Miep y Ian Gies, ella secretaria de Otto Frank (padre de Ana Frank) quien les ayudó a esconderse durante dos años. Y todos cuanto ayudaron y arriesgaron.... A todos, gracias.



gracias por compartir esta informaciòn, desconocia tal situaciòn. Es lamentable el olvido de esta mujer y su gran acciòn, imperdonable no haber resaltado su fuerza y riesgo al que estuvo expuesta, ayudando a todas estas personas,como es posible seguir haciendo esto con semejante hazaña... y no reconocer la labor maravillosa y bendita de esta GRAN MUJER,......
ResponderEliminarGracias a ti, por leerlo, por comentarlo, por compartirlo....
ResponderEliminarEstamos rodeados de personas "anónimas" que son y han sido realmente héroes, espero que contándolo nos ayude a no volver a olvidarlos.
Un abrazo.