El poder de una sonrisa
Cada mañana la veía y no sé el porqué, pero siempre me llamó la atención.
Todas las mañanas nos cruzábamos. Ella paciente con su perro, yo con mis prisas.
Pero mis prisas no evitaron que empezara a fijarme, no evitaron que viera un poco más allá. Me fijé en sus ojos, su expresión, el peso que cargaba, como si hubiera sufrido mucho en el pasado. Me fijé en su energía, en su vitalidad, en que seguramente eso, la habría levantado muchas veces al caer.
Me empecé a fijar en el perro. Enorme, negro, de raza desconocida para mí (tampoco es difícil) y en sus ojos. Miraba con limpieza, con fidelidad y con una devoción increíble hacia su dueña. Recuerdo que ella (al final era chica) también se fijó en mí. Imagino que en el silencio, en el lenguaje sin palabras, los animales siempre nos entienden antes que nada, ni nadie.
Observé, me fijé pero no dejé de ser una persona más que sigue su camino, en compañía de sus prisas.
Pero un día sucedió algo distinto.
Estaba pasando por su lado y mi ser y mi boca (casi sin mi permiso) sonrieron y dijeron "buenos días". No sé si se sorprendió más ella o yo. Creo que justo después entró en juego la mente, apartando sin mucha suavidad a mi ser y cerrando mis labios. Claro, es normal. Cuando haces algo sin pensar suele ser lo más sincero, pero si lo piensas, ya sea antes o después, encuentras unas 1.500 pegas por haberlo hecho. Así que esa mañana terminé andando con mis 1.500 pegas, mi mente y mis prisas.
Demasiada compañía.
Creo que, conociéndome, es fácil de imaginar la decisión que tomé para aligerar mi cuerpo de tanta compañía y para solicitar suavemente a mi mente su renuncia.
Decidí hacerlo cada día.
Así que, cada mañana, sonreía y decía "buenos días" y, cada mañana, las dos me respondían. Cada mañana nos saludábamos, cada mañana nos sonreíamos y cada vez la sonrisa era más amplia y cada vez el saludo más efusivo.
Hoy sé cuánto sufrió y la felicidad que le proporciona su nieto y su hija. Hoy nos abrazamos por las mañanas al vernos, nos preguntamos y nos preocupamos si pasa un tiempo sin encontrarnos. Hoy la perrita grande de ojos hermosos avisa a su dueña si me ve mientras demuestra su alegría al verme. Hoy, cada mañana, encuentro a una amiga.
Quizá sólo es el poder de una sonrisa.


Si todos nos diéramos cuenta del poder que tiene realmente una sonrisa, haríamos un mundo mucho mejor.
ResponderEliminarEterna sonrisa.
Oh que bonitoo! Que preciosidad de historia! Se me llena el corazón de emoción. Y me he reído mucho viéndome reflejada en lo de ir acompañada con las prisas y mis pegas jaja Lo tendré en cuenta jaja Me ha gustado mucho, muchas gracias por contarla y por compartir tu naturalidad.
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